Viernes 17 Agosto 2018
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La imagen puede contener: 1 persona, interiorUn largometraje de la riocuartense Florencia Wehbe y del villamariense Darío Mascambroni representará a la Argentina en uno de los festivales de cine más importantes del mundo.

Darío Mascambroni (director de Villa María) y Florencia Wehbe (productora riocuartense) están a punto de viajar a la capital de Alemania: su primer largometraje, que exhibieron en Río Cuarto en septiembre pasado, representará a la Argentina en uno de los festivales de cine más importantes del mundo.

“Primero enero”, la historia de un padre recientemente divorciado que prepara la última visita a la casa de las sierras antes de ponerla en venta y se encuentra con dificultades para compartir con su pequeño hijo una tradición familiar, es el motivo del viaje al centro del cine que emprenden el martes.

Es cierto que tenían el antecedente, cercano por entonces, del reconocimiento que su creación obtuvo en el último Bafici, en el que fue consagrada como la mejor película argentina… y que los sueños no tienen fronteras. Pero el horizonte que hoy avisoran quedaba todavía demasiado lejos.

Y sin embargo, Darío y Florencia, que son de la generación en la que el cine ya había perdido su condición de entretenimiento familiar de concurrencia masiva y se había recluido en algunas pocas salas, en la televisión como medio que encapsula otros lenguajes, y en los videoclubes que proveían de material a la tendencia creciente de ver cine en casa, han conseguido dar el salto.

De cómo han ido formando su profesión cinematográfica, en un camino que incluso los ha llevado a formar pareja (detalle tal vez aleatorio pero que se corresponde con la tendencia a la crónica sentimental que acosa al periodismo de esta época), cuentan en esta entrevista hecha a la distancia, y respondida por separado mientras, acosados por el tiempo, preparaban las valijas para el viaje que los espera.

Darío Mascambroni nació, estudió y empezó a dejarse atrapar por el cine en Villa María “viendo películas infantiles, sobre todo las de Disney, y los clásicos de aventuras como ‘E.T.’, todas las de ‘Indiana Jones’, ‘The Goonies’, ‘Karate Kid’, y un largo etcétera en el que incluyo, en especial, con mucho detalle, cuando fui a ver ‘El Rey León’ al cine, con mi hermano del medio, y me la pasé dibujando situaciones de toda la película”.

Después, la adolescencia: “Empecé a ver un poco de todo pero siempre dentro de lo que se encontraba en los vi-deoclubes en VHS. Creo que las primeras películas que se salían de la media fueron dos que me hicieron ver mi mamá, que fue ‘Atrapado sin salida’, y mi abuelo, que fue ‘Cinema Paradiso: eso me quedó grabado”.

Sin embargo, acaso la decisión venía de antes: “Creo que fue desde que era muy chico que supe que quería estudiar cine, a los 5 o 6 años; siempre supe que quería hacer cine, nunca se me ocurrió dedicarme a otra cosa: quería ser de todo lo que veía en las películas, y creo haber pensado que sólo haciéndolas yo podía lograrlo, y acaso por eso nunca se me ocurrió ser actor, que es en verdad quien se pone en la piel de los personajes”.

Viajar

La distancia entre imaginarse director siendo un chico y descubrir verdaderamente lo que es el cine, la recorrió yéndose a estudiar a Córdoba: “Recién cuando comencé a estudiar empecé a conocer todo tipo de películas y realizadores que ignoraba de niño y que fueron los que finalmente me abrieron la cabeza: fue a través de ellos que comencé a pensar en mi lugar dentro de la realización”.

Ese punto focal de la dirección se fue matizando: “Siempre pensé que quería dirigir, pero también empecé a ser consciente de que era fundamental pasar por todas las áreas que se involucran en una realización y en ese sentido lo más importante fue aprender la dinámica del trabajo en equipo, y conocer a gente con la que hoy, diez años después, sigo trabajando”.

Algo más

En ese conocimiento se incluye a Florencia: “Además de ser mi pareja, es con quien compartimos todo lo referido a nuestra profesión. Somos nuestros primeros asistentes en cuanto a las cosas que escribimos, y creo que nuestros puntos de vistas, que no siempre son muy similares, nos ayudan mucho a la hora de pensar lo que queremos contar. Porque si algo tenemos en común es que a los dos nos interesa mucho la narración”.

Con esa unión sentimental y profesional como núcleo y “otros chicos que estudiaron en la Nacional, formamos un grupo rotativo y realizamos cortometrajes y largometrajes ayudándonos desde distintas áreas. Lo primero que hicimos al terminar los estudios fue producir “El espacio entre los dos”, la primera película de Nadir Medina que estrenamos en Bafici”.}
Y en eso llegó “Primero enero”

Luego de realizar el guión de un largometraje con el que quedó suplente en el concurso de Opera Prima del Incaa, que no alcanzó para tener el apoyo económico para su realización, “’Primero enero’ surgió de una manera muy diferente: “Pensé una historia, personajes y lugares que estuvieran al alcance de la mano, desde un lado opuesto al de estar más de dos años pensando en una película, sino en hacerla mientras la estábamos pensando, sin detenernos en el proceso de escritura aunque es algo que verdaderamente disfruto y trato de aprender”.

Y entre esas “facilidades” se contaba pensar la película para que los intérpretes fueran “mi primo y mi tío; los tenía en mente cuando pensaba la película, confiaba en ellos a pesar de que no tenían ningún tipo de experiencia ante cámara. Por un lado, en las ocurrencias y la verborragia de Valentino Rossi, en su personalidad tan espontánea y creativa. Y por otro en la cultura literaria de mi tío, Jorge Rossi, que ha publicado novelas y cuentos”.

Desde ellos procedió a la construcción de los personajes: “Se trataba de explorar la ficción desde una versión de ellos mismos, y de presentarlos en un lugar que les pertenecía, y como protagonistas de una historia que podía resultarles muy cercana. Creo que disfrutaron el proceso, dieron mucho de ellos y aprendieron mucho de nosotros”.

El joven director villamariense subraya que, en términos puramente cinematográficos, “el vínculo real padre e hijo se nota en la pantalla, y es algo que estaba en la perspectiva del film, que consistía en documentar esa relación, y creo que eso no hubiera sido igual con actores que no tuvieran ese vínculo…, creo que por ahí pasa una de las claves de la película”.

En el mismo sentido elogia el trabajo que hizo Florencia, “manejando el equipo de rodaje y creando un buen clima, algo que ayudó mucho para lograr interpretaciones naturales, que no estuvieran influenciadas por cuestiones técnicas o estropeadas por el caos que a veces significa el funcionamiento de todos los detalles que se ponen en marcha en un set de filmación”.

Después, mucho después, vino el premio del Bafici, y ahora espera a Berlín: “Es un paso más, como lo fueron la participación en otros festivales del país o el de Río de Janeiro y el de Bogotá. Sin dudas que participar de la ‘Berlinale’, con el peso que tiene ese Festival, significa mucho para los que vivimos pensando en el cine y vamos hacia él con la expectativa de que se transforme en una experiencia que nos enseñe mucho de cara a nuestros próximos proyectos”.

Florencia Wehbe, acaso arrastrando el peso del apellido, que no debe ser fácil ser la hija de uno de los profesionales más famosos y destacados de la ciudad, maceró su pasión cinéfila en Río Cuarto: “Mi amor por el cine comienza desde que era muy chica, tal vez con las películas de Disney, de las cuales sigo siendo fanática hasta hoy. El cine siempre fue un poco una tradición familiar, mis padres me lo inculcaron desde muy niña”.

En esa recuperación de momentos de la niñez tiene un lugar especial el tío Cacho; “no me puedo olvidar que él me llevaba al cine a ver pelis como ‘Sin City’, que para mi corta edad estaban prohibidas, a escondidas de mis padres”, y su hermana Camila, “con quien compartía esa fascinación que nos producían las películas: con ella nos estudiábamos los diálogos y los repetíamos sin parar”.

Florencia recuerda, además, una particularidad familiar que ayudó en ese proceso: “Creo que lo que más me acercó al mundo del cine fue la ausencia de la televisión en la vida diaria, porque mis padres no nos dejaban casi ver tele, y en su lugar nos ponían películas que alquilábamos o que nos compraba mi papá en sus viajes ya que en Argentina aún no se conseguían VHS a la venta y esos viajes nos dotaban de mucho material”.

Y precisa: “Mi casa siempre fue un hogar con pocas restricciones a nivel cultural, y si de adolescente me parecía un exceso la negativa, de mi padre sobre todo, a que viéramos algunos programas porteños en la TV, al crecer entendí que gracias a eso, a no haber visto programas que nada tenían que ver conmigo, me vi conociendo en un montón de cosas alternativas (para esa edad) que me abrieron un mundo artístico mucho más amplio”.

El desarrollo familiar también contribuyó a la hora de volcarse hacia la actividad artística: “Ellos siempre me alentaron a escribir, a cantar, a bailar: lo que quiero decir es que nada de lo que me pasa o de lo que empiezo a ser hoy hubiese existido si Gladys, Osvaldo y Camila no le hubiesen dado tanta rienda suelta a mi imaginación. Todo mi hoy esta linkeado directamente a ellos, todo el tiempo”.

¡A estudiar!

Con ese aliciente y ese empuje Florencia empezó a estudiar cine; sin embargo, “sin tener noción clara de dónde me metía porque a pesar de ese amor por las películas yo siempre quise ser bióloga, otra pasión que heredé de mis tíos Cacho y Rubén y que aún me acompaña, pero secretamente el arte me tiraba fuerte, y decidí experimentar en la ciudad de Córdoba”.

Y en ese proceso, se produjo una situación que gana peso específico más de 10 años después: “En la Facultad, además de aprender las nociones básicas sobre el cine y su realización, conocí a Darío. El se me acercó muy simpático, pero yo no quería saber nada y recién después de varios meses de charlas me convenció y empezamos a salir. Y en muchos casos a través de él y de la Facu conocí a muchos de los mejores amigos que tengo en Córdoba, mi pequeña familia adoptiva de amigos, con los que armé los primeros proyectos, me recibí, y con quienes sigo trabajando hasta hoy, resistiendo cualquier posible desaliento”.

Después de trabajar en Buenos Aires (“La Patria Equivocada” de Carlos Galettini, y “Viento Sur”, una serie de TV, en el área de dirección) y en Córdoba (como directora de Arte o vestuarista, haciendo ficción y publicidad), llegó la experiencia de “El espacio entre los dos”, de Nadir Medina, (directora de Arte) y “Primero enero”: “Desde el comienzo Darío la planteó como una peli chiquita, entre amigos, charlando en un departamento pequeño que alojaba a más gente que camas, y él dijo de la necesidad de dirigir que tenía; y bueno, todos lo seguimos. Yo estuve a su lado colaborando desde el minuto 0 en el que dijo que quería dirigir; lo ayudé a armar la idea, asumí el rol de asistente de Dirección, planeamos el equipo técnico; su tío y su primo dijeron que sí, que querían actuar, y allá fuimos, a San Antonio, un minúsculo caserío cerca de “La Cruz”, en las Sierras de Córdoba, en donde toda la familia Mascambroni tiene casa de veraneo”.

Rodaje en familia

En esa casa que albergó a 13 personas estuvieron filmando durante 3 semanas en enero: “Fueron unas raras vacaciones: filmábamos por la mañana temprano, cortábamos al mediodía, por el calor, dormíamos la siesta y seguíamos hasta que se ponía el sol. Y a la noche se prendía la parrilla y se cantaba al compás de la guitarra de uno de los chicos. Nos divertimos mucho además de trabajar, y creo que toda esa energía grupal tan linda se nota en el resultado final”.

También aquí hubo “poco dinero, los ahorros de Darío, algo de los míos, colaboración de los papas de Darío y dinero de Laly, la productora, y además el trabajo no remunerado del equipo técnico y los actores. El rodaje fue tranquilo y lo más complejo fue hacer trabajar a Valentino. Estaba de vacaciones y aunque al comienzo era divertido, con el paso de los días empezó a cansarse y por eso estiramos el corte de mediodía para que pudiera disfrutar en el río con sus hermanos y amiguitos”.

El entorno ayudó: “Tuvimos algunos días con lluvias, teníamos mucho exterior y en pleno verano era de esperar que sucediera, por eso hubo algún retraso en el rodaje y en algún momento decidimos filmar la tormenta en el lugar, que al estar tan rodeado de montañas generó algo muy espectacular, y después se incluyeron esas imágenes en montaje. En general no perdimos el tiempo nunca, se filmaba todo, entre todos, fue una construcción muy colectiva”.

Después de filmar

Dice Florencia que el proceso de pos-producción fue muy largo: “El primer objetivo era quedar en el Festival de Mar del Plata, pero no nos seleccionaron, así que el distribuidor, Iván, decidió enviarla a Bafici, y allá fuimos nuevamente, varios años después, ya más crecidos. Y lo que sucedió ahí, fue increíble. Aun lo recuerdo y se me pone la piel de gallina”.

La buena recepción de la crítica ayudó mucho y además “los espectadores en general y la organización del festival también: fuimos muchos, todos estábamos juntos en un departamento de una habitación, éramos 22 creo, nos agarró a todos en un momento muy particular laboralmente hablando, justo con el cambio de Gobierno y con el Incaa en pausa, todos muy secos, rasguñando para llegar a fin de mes, fuimos muy ‘gasoleros’”.

Recuerda que a las proyecciones fue mucha gente, “incluso Víctor Hugo Morales, a quien yo había invitado tímidamente por mail, ya que es alguien a quien admiro mucho, como persona y como periodista, y lo mejor de todo fue que fueron la Gladys y el Osvaldo, y tenerlos ahí, sentados en el estreno en Bafici fue una tranquilidad, un pedacito de casa, siempre que ellos estuvieran ahí todo iba a salir bien, y así fue, muy hermoso”.

Un día muy particular

Así hasta el día de cierre: “Como se casaba la directora de Arte de la película, Paola Raspo, en un pueblo que se llama Porteña, habíamos planificado irnos todos una noche antes de la entrega de premios para asistir a la boda pero cuando el director del Festival (Javier Porta Fouz, crítico de “La Nación” y “El Amante”) se enteró le sugirió a Darío que no lo hiciera, y eso nos inquietó mucho aunque no queríamos hacernos demasiadas ilusiones”.

“Dejamos armadas nuestras valijas, y nos fuimos a esa conferencia, a escuchar los ganadores. Llegamos riéndonos y sacando conjeturas de lo que podría ocurrir, pero nunca jamás creyendo que el premio iba a ser tan grande. A medida que nombraban ganadores bromeábamos con que hubiese sido mejor ir al casamiento”.

Pero sucedió: “La primera alegría fue el premio para Maru Aparicio como mejor directora dentro de la selección latinoamericana y cuando llegó el momento de la sección argentina yo levanté el celular para filmar y cuando anunciaron ‘Primero enero’ se me cayó al piso y empecé a llorar, todos temblábamos, Darío pedía que lo abrace alguien y nos dimos un abrazo enorme y creo que transmitimos en ese abrazo todo el esfuerzo, los sueños, la apuesta a poder vivir de este arte que tanto amamos”.

Allí está la foto, “una de las fotos más lindas que tengo” y “no fuimos al casamiento de Pao pero la llamamos todos llorando para contarle y casi explota de alegría; se casaba, estaba gestando a su hijo Salvador y acababa de convertirse en la directora de Arte de la peli ganadora de Bafici, y después salimos de ese auditorio llorando, temblando y llamamos a nuestros padres y yo personalmente sentí que ellos eran parte fundamental de todo lo que me pasaba”.

Allá vamos

Como si fuera un anticipo, trabajos en los que trabajó Florencia andan por Europa: “En Rotterdam estuvo la última semana de enero la película “Otra Madre” de Mariano Luque, en la que fui vestuarista, y en Berlín participa en la competencia de cortometrajes “La prima sueca”, de Inés Barrionuevo, en la que trabajó como maquilladora y peluquera, pero lo más importante viene de este film que siente tan suyo.

“Nosotros no mandamos la película a Berlín porque la inscripción era muy cara, pero un programador la vio en Bafici y la quiso allá; otra sorpresa. Vamos varios del equipo técnico, con las mismas expectativas con las que fuimos a Buenos Aires, pasarla bien y aprender para seguir creando. Con Darío tuvimos la posibilidad de irnos a conocer Europa en el 2014, y yo le dije ‘ojalá algún día volvamos, y él, con su seguridad de siempre, me dijo ‘el cine nos va a hacer viajar por todo el mundo, vas a ver´.”

fuente: Diario Puntal

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