Jueves 18 Octubre 2018
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A Pablo Bollatti y a Martín Pavani les cuesta introducir el barreno en el suelo. La soja sembrada sobre trigo en un perfil de la serie Marcos Juárez –los mejores suelos productivos de la provincia de Córdoba– no la ha pasado bien a lo largo de todo su desarrollo.

La muestra refleja que a los 40 centímetros de profundidad no hay vestigios de humedad. Se trata del punto de marchitez permanente, donde cualquier planta no sobrevive por la falta de agua. A los 65 centímetros, el panorama es similar; por su composición, el suelo exhibe más arcilla, pero la humedad sigue siendo escasa, con apenas 22 por ciento.

Recién al sexto sondeo, la humedad es muy buena, pero sin llegar a la saturación. Se encuentra a 1,5 metros de la superficie, un nivel demasiado profundo para que la pueda aprovechar una soja que transita su período R5.

Contrasentido

La situación observada por Agrovoz en el lote ubicado sobre la ruta provincial 12, camino a Inriville, se multiplica a lo largo de todo el departamento Marcos Juárez. La paradoja es que ese campo, durante la campaña anterior, estuvo anegado debido a los excesos de lluvias del verano pasado.

“En esta campaña, la evolución de la soja de segunda la dio la napa, porque no recibió prácticamente lluvias. Las que no pudieron explorar agua en profundidad están en situación crítica”, observó Pablo Bollatti, técnico del Inta Marcos Juárez y coordinador del Grupo Napas, una iniciativa de la que participan una veintena de entidades ligadas a la producción y que tiene por objetivo el estudio del comportamiento del agua en la región.

PANORAMA. Martín Pavani y Pablo Bollatti recorren un lote de soja sobre trigo que entre enero y febrero recibió sólo 50 milímetros (Javier Cortez)
A diferencia de la campaña pasada, cuando los anegamientos demoraron la cosecha, en la actual las máquinas adelantaron su labor.

“Ya arrancó la cosecha de los primeros lotes de maíz, casi dos meses antes que el año pasado”, recordó Martín Pavani, presidente de la Asociación de Productores Rurales de Marcos Juárez.

En la actual campaña, la humedad lejos está de ser un problema en la zona núcleo de la provincia. De acuerdo con registros del Inta, en la zona próxima a Marcos Juárez llovió durante enero 30 milímetros y en febrero 22; muy lejos de los 125 milímetros de promedio por mes que suelen aportar las precipitaciones en el primer bimestre del año.

Una oportunidad

En ese escenario de estrés hídrico, el riesgo de la napa alta que se había manifestado en la campaña anterior se convirtió en el actual ciclo en una oportunidad.

“Los dos metros de napa que aportó el suelo se los tomó el cultivo”, aseguró Bollatti. Con un requerimiento a lo largo del ciclo de 700 milímetros de agua para reflejar su potencial de rendimiento, el maíz de primera solo recibió del cielo 250 milímetros. El resto lo tomó del suelo.

Precisamente, los maíces sembrados en la primera quincena de septiembre –y que recibieron el aporte de la napa– son lo que mejor están.

En algunos casos superan los 110 quintales de rendimiento. Tuvieron la oportunidad de tomar el agua disponible que se encontraba entre 1,70 y 2,50 metros de profundidad.

El año pasado, con la napa fluctuando a 50 centímetros de la superficie, los maíces tempranos rindieron entre 70 y 80 quintales por hectárea.

PANORAMA. Martín Pavani y Pablo Bollatti recorren un lote de soja sobre trigo que entre enero y febrero recibió sólo 50 milímetros (Javier Cortez)
Aquellos maíces que no tuvieron problemas de anegamiento aportaron 110 quintales. Pero hoy esos lotes tienen una baja de rendimiento de 25 por ciento, debido a que llegaron a la etapa de llenado de grano sin humedad suficiente.

En esta zona de la provincia, la participación del maíz tardío en la rotación es mínima. Solo tiene lugar en los suelos clase tres a cinco, de menor aptitud agrícola, con siembras hasta el 15 de diciembre.

En esta campaña, sin embargo, hubo algunos planteos en estos perfiles que adelantaron la fecha para septiembre y lograron el aporte de algunos milímetros durante la primavera.

Ese suministro les permitió empujar su desarrollo. En cambio, los lotes que mantuvieron la fecha de mediados de diciembre están complicados.

Podría haber sido peor

Más allá de los efectos de la sequía, que en las sojas de segunda se refleja en la cantidad de vainas y de granos abortados, Pavani y Bollatti coinciden en que la situación podría haber sido peor. “Sin la reserva de agua, la campaña hubiera sido una catástrofe”, admitieron.

Fueron muy pocos los lotes de soja sobre trigo que lograron prenderse a la napa. Las que no tuvieron esa oportunidad, como se observa en algunos campos de la zona de Los Surgentes y Cruz Alta, están mal. Incluso hay superficie perdida.

Consumado ya el resultado de la campaña gruesa, las expectativas ahora están puestas en las posibles lluvias del otoño.

Para los productores, la magnitud de esas precipitaciones entre marzo y mayo será clave para definir la próxima siembra de trigo. De lo contrario, el cereal no tendrá chances de repetir campañas anteriores.

Pronóstico del tiempo

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