Viernes 19 Octubre 2018
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Joel Bravo, integrante de la agrupación Los Orillas, quedó ayer en libertad luego de que las pericias en el arma que le habrían plantado dieron cuenta de que no funcionaba. “La escopeta no era mía”, sostuvo.

Después de dos meses de detención, fue liberado Joel Bravo, el joven al que presuntamente le plantaron un arma de alto calibre cuando salía de trabajar.

 

Tras una intensa lucha por su libertad por parte de organizaciones sociales y de derechos humanos, ayer al mediodía pudo volver a su casa. Sin embargo, los organismos que lo acompañan indican que no puede regresar a su barrio por el peligro de volver a ser detenido por los mismos agentes de la Policía.

Tras su liberación, Patricia García, referente de la ONG Los Orillas, agrupación de la que forma parte Bravo, destacó que “en estos dos meses se intentó mantener la lucha de que se supiera la verdad por las injusticias que pasó Joel y darle adentro la contención que él recibía afuera”. Señaló: “Lo íbamos a visitar, lo llamábamos, le llevábamos provisiones, y gracias a muchas organizaciones se pudo saber la verdad”.

- ¿Cómo se definió la liberación de Bravo?

- No nos avisaron nada de su liberación, de hecho, estábamos esperando la fecha para el inicio del juicio oral. Lo llamaron y lo llevaron a Tribunales, donde le dijeron que las pericias en el arma dieron que no andaba.

Al joven del sector de avenida Argentina le indicaron que, tras las pericias, se había determinado que el arma que supuestamente llevaba no funcionaba, lo que cambiaba la carátula de la detención. Aseguran que ya a otras personas del barrio los mismos agentes involucrados las habían amenazado con plantarle la misma arma.

“Todo lo que pasó fue muy extraño, porque fue en medio de la feria judicial y cambiaron al jefe de la cárcel. Luego hicieron muchas refacciones en los pabellones, estamos acompañando a muchas familias de internos que la están pasando muy mal”, dijo García, en tanto que agregó: “Creemos que el documento que mandamos al jefe de la Departamental fue fundamental para esta definición del caso de Joel”, con relación al pedido presentado al jefe de la Policía, Pedro Díaz, sobre el apartamiento de los agentes Iván Carranza y Jonathan Amaya.

“Sentí mucha bronca”

“Yo recién salía de trabajar, me había bañado en la casa de un compañero y me preparaba para ir a mi casa. Ese día tenía acto en mi escuela”, relató Joel en diálogo con PUNTAL, y continuó: “Me encontré con los agentes en la calle y me dijeron que me llevarían porque según ellos yo había marcado su casa y les había dicho a qué hora salían para que les robaran una garrafa”.

- ¿Qué pasó con el arma?

- En la comisaría me pusieron la escopeta. En la parte de atrás de la camioneta tenían dos mochilas en las que llevaban el arma. Me llevaron primero a la comisaría de Banda Norte, donde me pegaron entre 3 policías.

- ¿Cuál fue su sensación tras esta detención?

- En los primeros días tuve mucha bronca, porque me pusieron una escopeta con la que no tenía nada que ver. Si la hubiera llevado yo y hubiera hecho las cosas mal, sería distinto, pero no era mía.

Desde su incorporación a Los Orillas Joel había retomado sus estudios y trabajaba mucho con la cría de pollos, en un emprendimiento junto a sus compañeros. El día de su detención se estaba preparando para ir a la colación del primario y asegura que este año continuará en el secundario. Bravo vivía solo en el sector de la avenida Argentina y ahora buscarán darle contención en otro sector para que no siga siendo víctima de estas detenciones.

- ¿Le da temor que se repitan los hechos con una nueva detención?

- No, no me da miedo, tengo que seguir andando, no puedo estar escondido. Por suerte hay mucha gente que me acompaña, si no a esta hora seguiría adentro.

“Si no tuviera el acompañamiento de una organización y la defensa de un abogado como José María Sagarraga, Joel no estaría en libertad”, remarca Patricia García.

- ¿Ahora se avanzará en la denuncia a los dos policías?

- No estamos con una postura para definir este tipo de acciones porque los policías viven en el mismo barrio que los chicos -indicó García-. De todas formas, considero que el Estado debería pagar por estos dos meses que Joel estuvo detenido, privado de su libertad siendo que él ya no consume y rehizo su vida. Es algo muy injusto, tenemos que ver cómo le damos contención ahora.

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