Viernes 22 Junio 2018
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¡Vamos Argentina!

En voz alta, quiero decir “pensando en voz alta”, o tal vez mejor, “pensando en voz alta con la esperanza de que alguien escuche el reclamo” y claro, lo conteste, es que entiendo que ahí empieza el diálogo, vale decir el intercambio.

Probemos.

Confieso que no sabía cómo titular este escrito de mis reflexiones en voz alta, barajaba nombres, por ejemplo, envido, reflexiones frente al espejo, charlemos, y otras, todas tenían el común denominador de llamar al diálogo, a escuchar la voz del otro, aunque sea a través de este impersonal computador, que nos acerca pero que también (valga paradoja de la técnica) nos aleja, y mucho temo que cada vez más y sin remedio.

Salgamos del encierro histórico a que estamos condenados, como decía mi amiga Darcia, y vayamos al encuentro de otras voces, que pueden estar aquí, quizás al lado nuestro o tal vezmás lejos, pero lo importante es que pueden estar, ahora o más tarde, pero pueden estar.

Me dispongo a buscar las voces, y me doy con que es primero de mayo, ¿la fiesta, la celebración o la conmemoración?, ¿de qué?, y ¿cómo? Y acá es donde empieza uno a pensar en voz alta, tal vez trabajosamente empieza un lento carreteo y luego empieza a tomar altura en su discurrir y se anima a plantear algunas cuestiones, por ejemplo, cómo concebimos al primero de mayo, ¿cómo una conmemoración de los mártires de Chicago, o como una celebración de un día instituido como día del trabajo, según algunos o día del trabajador, según otros ocomo la fiesta del trabajo o como la fiesta del trabajador?

En este punto hay para oir todas las voces, que es lo mismo que decir hagamos un alto para escuchar todas las opiniones, porque tengo para mí que todas las posturas que se barajen no sólo son atendibles sino también defendibles, con hartas buenas razones para ser analizadas y meditadas. Algunos podrán decir que se conmemora un día, el día en que fueron ejecutados por las fuerzas de represión pública en Chicago unos trabajadores que habían cometido el delito de reclamar una jornada laboral más corta; que se conmemora ese día como un grito de guerra que, sin claudicar de los reclamos que le dieron origen es una llamada de atención como alertando que la lucha en contra del capital salvaje y los represores igualmente salvajes no se acaba nunca. Otros podrán hablar de celebración de un día dedicado, precisamente, a celebrar no ya el famoso precepto bíblico (o la maldición, según como se la mire),  luego de la expulsión del paraíso, aunque esta vez remarcando el lado positivo del precepto, vale decir, marcando la diferencia de que el hombre es el único animal que trabaja, sea como maldición, necesidad o consuelo, pero es el único animal que lo hace y al hacerlo, al trabajar, se diferencia de los restantes animales. Es el trabajo, en definitiva, lo que hominiza al hombre. Y aún otros dirán que no es conmemoración ni celebración, es asistir a una fiesta, la fiesta del trabajo, que al no decidir si es maldición o consuelo, se convierte en la fiesta de los trabajadores que, una vez al año, festejan su día así como otros, en forma individual o de manera colectiva,  festejan el día del patrono de su oficio o de la ciudad, aún el de la Independencia de algo o alguien, de la fundación, etc.

Supongo, quiero creer que así debe ser tomado el asunto, lo anterior es una reflexión sobre nuestra postura ante el mundo, como una postura de cómo nos paramos en este mundo, anchoy complejo, para atinar a vivir en sociedad mientras desovillamos la madeja de nuestro destino.

Justo Sorondo Ovando

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