Viernes 17 Agosto 2018
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Valor PalabrasDe nuevo levantamos la voz para “pensar en voz alta”. Digo “levantamos la voz” pero simplemente para ser audibles, no lo confundamos con pegar un grito, o discutir a gritos, por más que esa actitud tenga tantos seguidores en la actualidad.

Me parece importante que volvamos a reflexionar sobre el significado de las palabras, y mejor aún si lo hacemos sobre el significado y el valor de las tales palabras. Claro, partimos del supuesto de que las palabras no son neutras; es clásico, como se dice en clave cómica, que puedo decir “empleado público”, “servidor público” o “burócrata”, para nombrar con tres términos distintos un mismo oficio o quehacer humano.

Con lo que quiero decir que las palabras significan, pero que también tienen un valor; que será valor social, individual, contextual o como queramos llamarle, pero es un valor o “carga” extra que le asignamos a la palabra. A cualquier palabra, que esto quede muy claro, es posible que alguna vez reflexionemos sobre la neutralidad del lenguaje, su posibilidad y alcances, etc., pero por hoy digamos que cargamos al lenguaje que usamos.

Pero la línea de reflexión anterior no es un simple ejercicio académico, o alguna elaboración de probeta, sino que es la ambigüedad que sufrimos a diario en nuestro trato con los otros seres con que nos cruzamos o cuando leemos el diario o vemos la TV mientras cenamos solitarios rodeados de nuestra familia.

Hagamos la prueba con algunas palabras o conceptos y observemos cómo se comportan en contextos diferentes, tal vez nos llevemos más de una sorpresa y hasta quizás veamos el grado de peligro que entrañan, que contienen esta vez las palabras, convertidas en traicionero proyectil y su descodificación.

Quede claro que no nos referimos aquí a los desacuerdos que puedan haber sobre hechos, por ejemplo si alguien dice que la inflación bajó, y otro dice que por el contrario, la inflación subió, la discusión parece que puede zanjarse con el simple expediente de recurrir a una información a quien está encargado de hacer esa medición. No. Nos referimos a otros tipos de, digámosle para ser corteses, desacuerdos, que se dan cuando estamos de acuerdo sobre que si tal hecho ocurrió o no ocurrió, o que tuvo tales o cuales características, pero el desacuerdo se produce a la hora de valorar el hecho mismo, a la hora de otorgarle un valor al hecho mismo; como cuando el periodista le pone un puntaje al desempeño de los jugadores de determinado equipo de fútbol y otro periodista le pone otro, ambos están de acuerdo con que el jugador juega en tal equipo, que jugó el domingo pasado pero el desacuerdo está en la nota que le pone.

Como ejemplo, valga el caso de decir “hemos contraído una deuda de tanto dinero, pero será para terminar con otra deuda que tenemos”. Y algunos dirán “que bien, ya no le deberemos más a nadie” y otros dirán “a esta nueva deuda no la podremos pagar y pasarán varias generaciones con la mochila”.

En este punto es donde debemos volver a recordar sobre la carga que le damos a los términos o palabras que usamos y la intención de no engañar a los otros. Lo importante, creo, es que cualquiera de las dos posturas que sigamos, que sin duda deben haber buenos argumentos para sustentarlas, sean dichas, sin embargo, con toda la sinceridad que el caso amerita, sin dobles discursos ni medias verdades pues, como dice la vieja conseja popular, una media verdad se convierte en una mentira completa.

Por ahora lo dejo con esta inquietud, le prometo que volveré sobre otras que seguramente no harán más que seguir aumentando nuestra perplejidad diaria, a pesar de que en este país de maravillas que vivimos, ya casi nada nos causa perplejidad, nuestra cuota ya esté cubierta.

* Por Justo sorondo Ovando

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