Río Cuarto se vistió de fe para honrar a su patrona, la Inmaculada Concepción. La masiva procesión culminó en la tradicional misa celebrada en la Plaza San Martín, donde el obispo Adolfo Uriona centró su homilía en el llamado a la esperanza, solicitando la protección de María en medio de los desafíos que atraviesa la sociedad.

El acto, cargado de emoción, contó con la presencia de autoridades municipales, incluyendo al intendente Guillermo De Rivas y el legislador Juan Manuel Llamosas, entre otros funcionarios.

María: La Madre que nunca tuvo que esconderse

Monseñor Uriona enmarcó la celebración en el contexto del Jubileo de la Esperanza, que está pronto a finalizar, y presentó a la Inmaculada como la «Madre de la Esperanza».

El obispo contrastó la desobediencia de Adán —quien, tras pecar, sintió miedo y se escondió— con la pureza de María.

“Ese es el drama del pecado: nos llena de miedo, aislándonos de Dios. Pero Dios no abandona al hombre”, señaló Uriona. “María es esa ‘mujer’ que nunca tuvo que esconderse de Dios. En la Inmaculada Concepción, Dios nos dice que el mal no tiene la última palabra. Ella es la enemiga absoluta de la desesperanza”.

El monseñor enfatizó que la Inmaculada Concepción no es solo un privilegio, sino la «primera victoria de Cristo en la historia humana».

La Esperanza en tiempos de crisis

Uriona recordó que la Iglesia fue elegida para ser «santa e irreprochable», y que María es la primicia de ese designio de amor. El obispo hizo un llamado directo a la comunidad:

«Nuestra vida no está definida por sus problemas, sus crisis o sus fallos. Está llamada a ser, como María, una tierra de gracia, elegida para la alabanza de su gloria».

Al referirse al título que el ángel le dio en la Anunciación, «Llena de Gracia», Uriona explicó que esta identidad fue sellada por su respuesta: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí tu palabra». Este «sí» de María, es la puerta por la que entra la esperanza al mundo.

Finalmente, el obispo pidió la intercesión de la patrona para la comunidad local: «Si Dios pudo preservar a María en medio de una humanidad caída, también puede sostener a nuestra Diócesis, a nuestras familias y a nuestros jóvenes en medio de las dificultades actuales«.

La solemnidad religiosa concluyó con el tradicional Festival de la Esperanza.

 

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