La vacancia comercial en Río Cuarto ya roza los 250 locales y vuelve a reflejar la fragilidad que atraviesa al sector. De acuerdo con el último informe del Centro Empresario, Comercial, Industrial y de Servicios (CECIS), en junio de 2026 la ciudad registró un 11,46% de desocupación, con 244 locales sin actividad sobre un total de 2.130, aunque en las últimas semanas ese número habría seguido en alza por nuevos cierres.

La caída no se percibe solo en las estadísticas. Referentes del sector inmobiliario advirtieron que hoy un local cerrado tarda alrededor de 15 días en volver a alquilarse, cuando antes la rotación era mucho más rápida. También señalaron que ya no se observa con la misma intensidad el traslado de comercios desde el centro hacia los barrios, una dinámica que años atrás era habitual.

Costos altos y ventas débiles

Entre las causas que explican el fenómeno aparece con fuerza el aumento de los costos fijos, en especial los alquileres, que dificultan la continuidad de muchos negocios. A eso se suma una caída sostenida de las ventas que viene afectando al comercio local desde hace varios meses y que profundiza la dificultad para sostener la actividad.

Estamos ante una situación compleja donde el comercio pasa dificultades”, resumieron las fuentes consultadas, que además plantearon la necesidad de revisar precios de alquiler para evitar más persianas bajas. La lectura es compartida por distintos actores del sector, que vienen describiendo un escenario de rotación alta pero también de cierres que ya no encuentran reemplazo inmediato.

Un indicador que preocupa

El dato de junio del CECIS muestra la magnitud del problema: 244 locales desocupados equivalen a más de uno de cada diez espacios relevados. En paralelo, los cierres recientes de firmas conocidas en la ciudad, como Pardo, On City y Batistella, reforzaron la sensación de que el deterioro del consumo golpea con fuerza incluso a marcas consolidadas.

En ese contexto, la frase que más se repite en el sector es que el comercio atraviesa una etapa de ajuste donde ya no alcanza con esperar una recuperación automática de la demanda. La preocupación no es solo por los locales que quedan vacíos, sino por la dificultad creciente para reinsertarlos en un mercado que hoy muestra menos movimiento y menos capacidad de absorción.

Impacto en la ciudad

La situación del centro comercial también se lee como un termómetro del humor económico de Río Cuarto. Menos ocupación de locales, menos mudanzas hacia los barrios y mayor tiempo de espera para nuevos alquileres componen un panorama que, por ahora, no exhibe señales claras de reversión.

Para los comerciantes, la salida parece pasar por una combinación de alivio en los costos, recomposición de ventas y mayor flexibilidad en los alquileres. Mientras eso no ocurra, la ciudad corre el riesgo de seguir sumando persianas bajas en una postal que ya se volvió demasiado familiar.

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