Ocurrió durante la tarde del miércoles, cuando cuatro delincuentes sorprendieron a un amigo del propietario, lo ataron y saquearon el local. La familia ya había sufrido otro robo días atrás y, además, el dueño atraviesa una situación de salud compleja. Se robaron más de dos millones y medio de pesos y un arma cargada. El local se ubica en calle Maipú al 1300.

La inseguridad golpea con fuerza en Río Cuarto. En esta oportunidad, el blanco fue una reconocida ferretería ubicada en calle Maipú al 1300, donde un grupo de delincuentes protagonizó un asalto violento que dejó a sus víctimas en estado de shock durante la tarde del miércoles. Lograron robarse más de dos millones de pesos y un arma cargada.
“Nos encontramos con seis móviles de la policía y un montón de gente”, relató Lidia, una de las propietarias, al recordar el momento en que regresaron al lugar. Venían de Córdoba tras una cirugía: “Mi esposo tiene cáncer de esófago y veníamos de esa operación”. Pero el golpe no era el primero: “El día de la cirugía también nos entraron a robar. Es la segunda vez en quince días”.
El episodio más dramático lo vivió Walter, un amigo del propietario que se encontraba atendiendo el comercio. “Me abordaron cuatro personas en la puerta del depósito, me empujaron para adentro y me ataron de manos y pies”, contó. Los delincuentes lo dejaron inmovilizado: “Me precintaron a unas rejas, tirado boca abajo para que no me pueda mover”.
Mientras tanto, los asaltantes ingresaron también a la vivienda ubicada detrás del local. Aunque la alarma se activó y evitó un robo mayor allí, los daños fueron significativos. “No pudieron llevarse cosas de la casa, pero nos destrozaron todo”, explicó la familia.
En el comercio, en cambio, el golpe fue concreto. “Se llevaron aproximadamente dos millones de pesos o más”, indicaron, y agregaron un dato alarmante: “Lo peor es que se llevaron un arma cargada, un 38”.
Tras unos 15 minutos de terror, Walter logró liberarse. “Pude romper los precintos, arrastrarme y llegar al negocio. Gritaba auxilio hasta que dos vecinas entraron y me ayudaron”, recordó.
La situación deja más preguntas que respuestas. Las víctimas sospechan que podría haber información previa: “Rompieron una cerámica donde antes guardábamos plata. Para mí es una data”.
El miedo ahora domina el presente. “No sabemos si son clientes o conocidos. Es muy feo. No sé cómo vamos a seguir”, confesaron. Walter, aún conmovido, resumió el impacto: “Estoy bien físicamente, pero más golpeado en el alma”.
El caso vuelve a encender la preocupación por la inseguridad en la ciudad, en un contexto donde las víctimas sienten que la violencia no da tregua.
















