En el marco de la peregrinación desde Río Cuarto hacia Reducción, rumbo al Cristo de la Buena Muerte, un grupo de jóvenes asumió uno de los desafíos más significativos del recorrido: trasladar la imagen de la Virgen durante el trayecto.

El Padre Carlos Juncos destacó el valor simbólico de este gesto, al señalar que “llevar la Virgen implica caminar al ritmo del otro”, una idea que trasciende la peregrinación y se vincula con la vida cotidiana. “No es fácil caminar con otros. Y en este caso, cargar la imagen tiene un peso real, pero también espiritual: pesa, pero te ayuda a andar”, reflexionó.
Entre los peregrinos, Maciel, de 22 años y oriundo de San Basilio, contó que es su primera experiencia en la caminata hacia Reducción. “La fe te da fuerza”, aseguró, y coincidió con el mensaje del sacerdote sobre la importancia de acompañarse mutuamente durante el recorrido.
Por su parte, Lucila, joven de Banda Norte, también vive su primera peregrinación y fue una de las elegidas para llevar la Virgen. “Me emocioné mucho. Tengo muchas intenciones en el corazón, es algo precioso”, expresó. Además, remarcó el valor del encuentro con el otro como parte central de la experiencia.
A lo largo del camino, las historias personales se entrelazan con la fe. Promesas, pedidos y agradecimientos acompañan cada paso, mientras el esfuerzo físico se ve sostenido por la convicción espiritual. En ese marco, la peregrinación no solo representa un acto religioso, sino también un espacio de encuentro, comunidad y superación compartida.














